Los sueños de Fernando y la Copa de Europa en Voltregà

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Hay días que perduran en nuestro interior, y que, regularmente, se asoman a nuestro camino como recuerdos imborrables que nos hacen sentir más ligeros, que nos hacen sentir las sensaciones de alegría y plenitud que hemos podido disfrutar.
Inevitablemente, por mi cabeza ronda en estos días una de esas ocasiones, pues se cumplen ya 10 años de la primera vez que levantamos el trofeo de Campeonas de Europa, y ese día, esas sensaciones, son parte integral de uno mismo.
Puedo recordar la noche anterior, todo el equipo sonriente ya, con una final europea en el bolsillo, y por supuesto, había nervios, había tensión, pero si algo primaba por encima del resto era la ilusión, el grupo estaba preparado para afrontar lo que se venía, desde la seguridad de estar preparadas, y desde la ilusión por jugar al hockey patines, algo que siempre, desde los inicios hasta el presente, nos ha acompañado.

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Recuerdo, con todas ya en sus habitaciones intentando descansar, quedar sólo con Dani, preparando la charla y el partido del día siguiente, tratando de encontrar el camino que nos llevase a la victoria, y cómo los dos reconocimos enseguida cual era el mensaje, “Esta vez si, ésta es nuestra oportunidad, el destino nos la ha puesto en bandeja, y la vamos a aprovechar”.
Al día siguiente, en la final, las jugadoras lo hicieron posible, y alcanzamos un sueño de niños, un partido que siempre recordaremos, y que nos llevó acompañados por nuestros valores de honestidad, compromiso, trabajo y alegría, desde el colegio hasta el reinado en Europa.
Un recuerdo inolvidable.

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Una década desde nuestra primera Copa de Europa

El 27 de mayo de 2007 el BIESCA GIJÓN H.C. (que ese era el nombre de nuestro Club en aquel momento) escribía una de las páginas más brillantes de su corta historia (se había fundado en 1995 y su primer partido oficial lo disputó en 1998); ganó su primera Copa de Europa Femenina que, además, era la primera que se disputaba al derrotar en la próPrimera-coparroga de la final al Arenys de Munt, al transformar Natasha Lee un penalti señalado a ella misma.
El equipo llegaba a aquel final de temporada después de haber conseguido la medalla de plata en el Campeonato de España, un poco con la sensación de ya haber cumplido con los objetivos marcados al principio de la misma, enfrentándose al nuevo reto con una mezcla de responsabilidad e incertidumbre. Como señala Leticia Inestal, en el documental de Luis Canteli “Mi equipo, mi gente”, a medida que iban pasando los partidos pensaba, en un alarde de baja autoestima: “a lo mejor no somos tan malas”.
En aquella edición, la competición se desarrollaba en una única sede a la que acudían todos los equipos y se dividían en cuatro grupos. Tras la primera fase en formato liguilla a una vuelta en cada uno de los grupos, se jugó la semifinal y posteriormente la final.
El BIESCA se enfrentó en su grupo con el Noisy le Grand francés, al que derrotó por un apretado 3-2, con goles de Marta Soler, Natasha y Bárbara; y al italiano Breganze, al que venció por un holgado 8-1, siendo Leticia (3), Natasha (2), Bárbara, Ainhoa y Pulgui las autoras de los tantos gijoneses.
Ya metidos en semifinales como campeones de grupo, al BIESCA le tocó enfrentarse a uno de los equipos alemanes, el Herrigen, al que en un partido muy apretado derrotaría por el resultado de 2-1, con goles de Leticia y Ainhoa. La otra semifinal fue la que jugaron las catalanas de Arenys de Munt y Voltregà que jugaban en su pabellón, el Oliveras de la Riva, y, contra todo pronóstico, cayeron derrotadas ante su público.
La gran final la disputaron el Arenys de Munt y el BIESCA GIJÓN H.C. Fue, según la crónica de S.F. para El Comercio, un partido “con muchas precauciones defensivas, pero la madurez y la serenidad de las fabriles acabó imponiéndose”, análisis que ratificaría Fernando Sierra, que en declaraciones a Jorge Junquera en La Nueva España decía que la final se jugó “con mucho respeto por parte de los dos equipos”, si bien a continuación matizaba que “si hubo un equipo que fue en busca de la victoria durante todo el partido, ése fue el BIESCA; controlamos muy bien al rival y apenas pasamos problemas, pero a medida que pasaba el partido el cansancio hacía mella”.
Al final del tiempo reglamentario se llegaría sin que el marcador se hubiese movido, por lo que fue necesario disputar una prórroga con gol de oro.
En esa prórroga, con todo el equipo muy centrado, llegaría el momento decisivo cuando Natasha penetraba en el área y fue derribada por una defensora catalana y el colegiado decretaría penalti. La pena máxima sería lanzada por la propia capitana a quien no le temblaría el pulso para mandar la bola a la izquierda de la guardameta y arriba. A partir de ese momento, con Natasha llorando y arrodillada en la pista, el equipo se abalanzó sobre la capitana y comenzó una celebración que se prolongaría en el aeropuerto de Asturias en el que la afición recibiría a las campeonas en el avión de la noche, recepciones, baño en el Anzuelu de Begoña, cenas, reportajes fotográficos…
No sabemos si Fernando Sierra, el impulsor del proyecto hockístico gijonés más solvente de cuantos se desarrollaron en nuestra ciudad desde que en 1949 los pioneros comenzaron a rodar en la pista del Continental, llegó a soñar en algún momento con situar a su equipo en lo más alto del hockey europeo, pero a partir de ese 27 de mayo (día de elecciones municipales y autonómicas en España) le imponía una obligación al BIESCA: estar metido en la élite del hockey rodado continental.
Las personas que hicieron posible aquel sueño fueron:
Ainhoa
Bárbara
Carla
Christina
Leticia
María Fernández, Pulgui
María Martínez
Marta Soler
Natasha
Teresa
Fernando (entrenador)
Dani (segundo entrenador)
Manuela (delegada)